Hoy amanecí -literalmente- sin un solo peso en la bolsa (otra vez). El despertador sonó a las siete en punto y yo apenas podía abrir los ojos; sinceramente ni los abrí. Mi esposo se incorporó un poco para refunfuñar acerca de lo temprano que había puesto el despertador. Diez minutos después estaba levantándome con todo el pesar que se pueda describir, tras un muy corto descanso de siete horas, que obviamente no me alcanzaron para descansar.
Hace varios dias que no tengo dinero en la bolsa y mi esposo tampoco, así que me he vuelto un poco hacendosa en la cocina; así que hago panqué para el postre o la cena, tortillas de harina para el almuerzo o la comida y ya no desperdicio las tortillas resecas que se quedan después de ser calentadas y que nadie las comió.
Mi esposo y mi hija mayor dejaron la casa temprano. El se fue al trabajo y Ella directo a la escuela.
La casa en Lunes amanece patas hacia arriba, y por derecho yo amanezco con desgano; y especialmente hoy, con este dolor de vientre y cintura que me persigue como por obligación...
Pero el sol brillo en mi ventana, y su calidez me hizo sentir mejor
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